Deia publica una entrevista al conocido cura obrero de Entrevías. Enrique de Castro participó recientemente en una conferencia en Iruñea.
Tras unos incios del seminario “en conserva” de Comillas a las barriadas de Vallecas, y a convivir con la heroína, en barriadas con una presencia importante de yonquis y alternativas para los movimientos juveniles, llega la realidad actual de Vallecas, todo lo anterior, sumado a muchas otras necesidades de inmigrantes extracomunitarios en un barrio de inmigrantes. Cuenta así:
En un proceso social y temporal lógico a nadie le podía extrañar que Enrique de Castro se implicara en un fenómeno emergente y a veces también condenado a la exclusión y la marginalidad como la inmigración. “Yo que había conocido esa primera inmigración estatal de Vallecas vi ahora focos importantes de musulmanes sin raíces, si papeles… Curiosamente acabaron viniendo a nuestras eucaristías. Les invitamos a leer su Corán, a traducirlo y ellos se sumaban al Padrenuestro. Todos están invitados a la mesa de Jesús. La gente se apunta a esto. Puede hablar y escuchar. Deberíamos llevar la vida a las parroquias y hablar. No sirve el silencio o que sólo hable el cura: Yo soy musulmán, pero mi iglesia es ésta, llegaron a decir”. Enrique relata una anécdota ilustrativa: “En una ocasión, vieron al obispo en una visita pastoral. Ellos le preguntaron por qué vestía así y por qué los jefes de nuestras religiones nos separan y enfrentan cuando aquí trabajamos juntos por los papeles, por un techo… La verdad es que la propia liturgia y ropaje en la Iglesia separa también a sus autoridades del pueblo. Nosotros abogamos por una fe sin intermediarios. Ya dijo Jesús que a ese Dios al que llamaba papá no lo encontrarían en el templo. La fe no es que yo crea en Dios sino que Dios crea en mí, que me diga: ánimo, tú puedes. ¿Por qué no volver a los orígenes? Éste ha sido mi descubrimiento”.