Artículo de opinión publicado hoy en DNA sobre la ausencia de derchos en las personas extranjeras /inmigrantes.POCO o nada ha cambiado. Estamos dos mil años más tarde en parecida situación. Derechos civiles sí, políticos no. El reconocimiento del derecho a votar de las personas extranjeras-inmigrantes es una parte más de la panoplia de exclusiones que se ejercen impunemente desde las esferas del poder en todos los ámbitos: las limitaciones por parte de los ayuntamientos al empadronamiento. La desigualdad en el ámbito laboral en cuanto a la aplicación de la normativa general en esta materia. Los controles de la Administración en el ámbito de los matrimonios mixtos, vulnerando el principio de la autonomía y voluntad personal de los contrayentes. Los plazos de hasta dos años en resolver una petición de nacionalidad. La discriminación perversa en cuanto a los plazos de situación de estancia legal para optar a la nacionalidad: dos años para el mundo latino, y diez años para el resto. Y así, podríamos seguir. ¿Qué hacer… por parte de esas miles de personas, que el día 1 de marzo del 2009 verán y comprobarán que no son parte del sistema? Que están excluidos. Que no son nada. Que sólo son mano de obra desechable en tiempos de crisis de otros. Que no son aceptados como personas en plenitud de derechos públicos y privados, civiles y políticos.

Cabe optar por presentarse a las elecciones autonómicas con una lista propia, amplia, mixta y diversa culturalmente, al estilo de la ya presentada en las anteriores elecciones municipales. Ello a pesar de las limitaciones burocráticas concretas y de las incomprensiones políticas e incluso ciudadanas y sociales. Estamos por apostar con iniciativas que desborden el orden establecido. Que superen las balizas antidemocráticas de un sistema dueño de sí mismo, pero no dueño de las razones que el sentido común impone ante la negativa a reconocer aquella vieja reivindicación de: una persona, un voto .

El silencio generalizado de las opciones políticas, digamos representativas, en esta materia, son una señal de alarma más, que no indican nada más, que los derechos de las personas no asimiladas no procede. El mundo de la inmigración, con su diversidad cultural, religiosa y geográfica, no es un nicho donde se puedan vender las motos de las propagandas políticas convencionales al modo tradicional, y por ello no se considera ni el menudeo político como inversión en el ámbito de la ampliación del paraguas democrático hacia personas y grupos sociales que no piensan en claves fijas de etno-centrismo político. Estas razones no confesadas no deben de servir de excusa para negarse a invertir en un futuro democrático mejor, más amplio, sin exclusiones, ni marginaciones legales, que siempre son semilla de rencores y desencuentros de larga duración.

Fede García. SOS Racismo Araba