Opinión del colectivo de Georgianos de Gasteizko Georgiarren Etxea Con relación a la noticia que hacía referencia a la existencia de mafias georgianas en Vitoria y la desarticulación de una de ellas, publicada en DIARIO DE NOTICIAS DE ÁLAVA el pasado miércoles 18, quisiera informar que la Casa de Georgia representa a un colectivo de más de 100 georgianos inscritos, quienes a su vez representan prácticamente a la totalidad de la población georgiana en Gasteiz, de aproximadamente de 400 georgianos.
La inmensa mayoría se encuentran en situación regular, hablan muy bien español y están perfectamente integrados.

De los 21 detenidos a los que hace referencia la citada noticias, todos ellos salvo uno o dos se encuentran todavía en detención preventiva, conociendo perfectamente la comunidad georgiana cuál es su actuación, que sería la misma si se tratara de nacionales.

La comunidad georgiana se encuentra muy contenta en el País Vasco, donde es maravillosamente acogida, estando la inmensa mayoría de sus miembros en situación regular y trabajando. Han tenido que salir de su país, que se encuentra en guerra con los rusos desde agosto del pasado año, y en una situación muy incómoda desde el punto de vista económico. Su educación -herencia de la era soviética- es alta y cuidada. Muchos de ellos tienen estudios universitarios, pero no tienen más remedio que desarrollar trabajos manuales, que nadie quiere, incluidos trabajos penosos, etc.

Algunos de ellos -los menos-, influidos por el pasado boom inmobiliario, quizá han podido dejarse llevar por cierta avaricia, que es insignificante respecto de la inmensa mayoría. Nos repugnan y avergüenzan comportamientos como los que aparecen en prensa, pero queremos dejar claro que se trata de una despreciable minoría.

Tradicionalmente siempre ha habido lazos con el País Vasco. Existen coros, zortzikos y danzas como la espatadantza, e incluso formas gramaticales muy similares.

Pedimos comprensión entre pueblos hermanos y que se dé a conocer también el buen rostro de la mayoría que trabaja en silencio.
Juan Cardenas del Carre